1.
En el manicomio, un loco gritaba:
¡Yo soy el enviado de Dios!
Se le acerca otro loco y le dice:
No, ¡Yo soy el enviado de Dios!
Y asÃ, los dos locos discuten.
Entonces, se acerca un tercer loco, y les pregunta:
¿Qué pasa aqu�
Y el primer loco dice:
¡Yo soy el enviado de Dios!
Y el segundo dice:
No, ¡Yo soy el enviado de Dios!
Entonces, el tercer loco dice:
Un momentito, ¡Yo no he enviado a nadie!
2.
Un par de borrachos caminaban por la banqueta, cuando pasa junto a ellos una señora gorda muy gorda, y uno de ellos le dice al otro:
¡Mira, ahà va un tanque!
La señora lo escuchó y le soltó un bolsazo en la boca, y el otro agrega:
¡Y es de guerra!